La madre láctea

Desde antes de concebirla estaba en mi corazón, me acompañaba en cada pensamiento, en cada decisión. Estaba en mi mente y en mis sueños, le hable, la imagine, pero verla, sobre paso todas las expectativas, tan linda, tan frágil, tan acogedora, calzando perfectamente en mis brazos y el único lugar donde encontraba paz…en mi pecho.


Nunca he sido todo para alguien, así que era imposible imaginarlo y entonces, me convirtió en su mundo y tuve que aprender a entender cuánto me necesitaba, tuve que enfrentarme a mí misma y sobrepasar mis límites y miedos, tuve que ser fuerte aunque mis lágrimas reflejarán debilidad, tuve que convertirme en lo que ella necesitaba por amor, me convertí en una nueva versión de mí, una que nunca imaginé que pudiera existir, sin embargo; aquí estamos, no sé si soy “la mejor” pero soy sin duda, mucho mejor de lo que era antes de ella, juntas hemos roto paradigmas, hemos desestimado mitos, hemos encontrado el origen de la naturaleza misma, a través de esa conexión que solo puede venir de Dios, por ser divinamente perfecta. Hemos aprendido a conocernos y a entendernos con la mirada, mientras su alimento fluye de mí y me hace sentir tan importante para ella como lo es ella para mí, poderosa en un sentido totalmente humano. Hemos logrado entender que la Lactancia es así, como la maternidad, como la vida misma, llena de altos y bajos, llena de momentos que, si los disfrutamos o no, va a depender de cómo los miremos, de que tomemos de ellos. La lactancia es así, pura, primitiva, única, especial, sobre protectora, armónica, perfecta como lo es el vínculo y la conexión que ella misma crea, la lactancia es así, demandante pero hermosa, contradictoria en algunos momentos, pero incomparable en algunos otros. La lactancia es así, como ella y como yo, a veces incomprensible con la mente pero entendible con el corazón, por eso cuando nos olvidamos de todo, del reloj, de las horas, de los horarios, del que dirán, cuando olvidamos todas esas reglas que nos controlan, empezamos a valorar y disfrutar aquellos pequeños destellos de felicidad en gotas, que no durarán para siempre, que no se repetirán igual, que no podemos revivir, pero que podemos almacenar en nuestra mente, porque cada caricia, cada sonrisa, cada mirada queda guardada para siempre en su alma y en la mía como un reflejo de lo que hoy somos y de lo que un día seremos. Mientras tanto yo sigo sembrando en ella, esperando el día que pueda verla florecer, el día que llegara, en el que ya no necesite este vínculo especial, pero que sea el puente para establecer los que vendrán. Mientras tanto le doy mi pecho, le doy mi tiempo, le doy mi amor y ella sigue dibujando con su sonrisa paz en mi alma y en mi corazón.

Firma
La Madre Láctea

Autora: Arq. Elainy Avila

 

 

 

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