Mi historia materna

Mi historia materna

Mi historia materna comienza el 13 de agosto de 2016 cuando me disponía a celebrar mi cumpleaños, ese día soplé mis 27 velitas feliz con un examen de sangre en mano que había dado positivo. Aunque Feliz, ese día me invadió un profundo sentimiento de amor y a la vez una gran preocupación porque no sabía cómo ser una mamá, pensando en el tema de la crianza y en cómo llevar un embarazo sano física y emocionalmente, porque desde hacía tiempo había leído que los bebés en el útero perciben sonidos y emociones, es decir, ansiosa y preocupada por la maternidad en general.

A pesar de ello, no me quedé con la preocupación sino que decidí tomar acción y buscar consejos. Una  gran amiga me habló de un Centro de Formación Familiar que orienta familias y sobre todo educa y empodera a las madres de información valiosa y científica para que desde el conocimiento cada mamá tome la mejor decisión para sí y su bebe.

Luego de leer e investigar sobre diversos temas de la maternidad, me enamoré de la lactancia materna y el colecho, y es que a medida que más estudiaba sobre el tema más me apasionaba con el mismo. Prácticamente a diario leía al menos un artículo y literalmente vivía en una burbuja imaginaria de amor esperando que mi bebé decidiera nacer para entonces aplicar  todo lo  aprendido.

Pero, algunas veces no todo era color de rosa, por ser una mama primeriza mi familia, amigos y sobre todo la familia de mi esposo se sentía con el derecho y autoridad de aconsejarme, juzgarme y criticar mis decisiones sobre cualquier punto, si se me ocurría comentar que yo quería parir, me llovían las opiniones, que yo no podía decidir eso porque si el médico dice que sería cesárea así debía ser, que yo no podía dar pecho porque a la primerizas se les tarda en bajar la leche, que no podía acostumbrar a la bebé a dormir conmigo porque se mal acostumbra, que no podía dar puro pecho porque la leche materna no sustenta, que si daba puro pecho no iba tener vida porque la bebe querría estar encima de mí, en fin; el propósito era sabotear todas y cada una de mis ideas, planes y expectativas.

Aunque empoderada de información, algunas veces los opinólogos me hacían dudar y gracias al apoyo de un grupo de mamás del que formo parte pude superar cada uno de los mitos que empañan el vínculo afectivo más maravilloso “La Lactancia Materna”.

El 20 de abril de 2017 nace mi bebé y ahora si había llegado el momento de llevar a la práctica todo lo estudiado. Los primeros días se tornaron un poco difíciles, aunque por una parte había superado el temor de “no producir leche”, porque antes de las 72 horas post parto ya mi senos goteaban, por otra parte tenía mucha sensibilidad en los pezones y me dolía pegarme a la bebe porque ella no abría la boca lo suficiente como para que cubriera gran parte de la areola, cada vez que la bebe lloraba por su teta era un sufrimiento para mí y supongo que para ella también porque tenía que hacer muchos intentos para lograr un agarre perfecto, llegué a pasar hasta 40 minutos metiendo y sacando mi seno de su boca.

Fue frustrante, pensé que no lo lograría, dude y creí que la lactancia si era dolorosa, acudí a dos asesoras de lactancia, ambas fueron a mi casa a verificar la postura de la bebé y técnica del enganche y me hicieron sus observaciones, así que debía seguir practicando, porque la práctica hace al maestro.

Pero lo peor estaba por venir, debido a que se habían formado unas grietas en mis pezones unas bacterias colonizaron unos conductos y me empezó una dolorosa mastitis. Superé ese otro mito, “que cuando da mastitis la lactancia se debe suspender porque la leche está contaminada”.  Previamente, por referencias había escogido a uno de los mejores pediatras puericultor especialista en lactancia materna. Tomé antibiótico, analgésico y aplique terapia de frio y calor, masajes al seno afectado y por supuesto pegarme a la bebe de ese pecho para que drenara.

Hoy en día estoy orgullosa de lo que he logrado, mi bebé desde su primera hora de vida se alimenta solo y únicamente de mi leche y duerme sobre mi pecho. Tengo casi 4 meses practicando lactancia materna exclusiva a libre demanda y colecho, mis ojeras me hacen lucir como un zombie y sin embargo nunca me he dejado tentar por esas fórmulas artificiales para que me “ayude”, a pesar de que incluso mi mamá me sugiere esa opción. Además doy testimonio de que la lactancia no duele y si es posible sincronizarnos con nuestro bebé como un equipo para llevarla a cabo de manera prolongada y satisfactoria.

 

AUTORA: AURA PEÑA

 

 

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